Humor gráfico

Chiste muy viejo

El otro día tres compañeros de taberna sostenían una melancólica discusión. El tema era: "¿Con quién preferiría usted que lo enterraran?"
—A mí con Napoleón —decía el primero—. Así vendrían a visitar me millares de personas cada año.
—Yo preferiría estar con Shakespeare —apuntó el segundo, que era bibliómano.
—A mí que me entierren con Marilyn Monroe —dijo el tercero.
—Pero ... si Marilyn Monroe no ha muerto! —protestaron los otros dos.
—Precisamente ... ni yo tampoco —les contestó.

No soy mas la hija

la hijita de un cirujano famoso tenía la costumbre de contestar, cuando alguien le preguntaba su nombre, que era "la hija del Dr. Baker". Como a su mamá le parecía eso muy fachendoso, resolvió corregirla :
—De ahora en adelante —le advirtió— debes decir simplemente que te llamas María Baker.
Algunos días más tarde un colega del médico le preguntó a la niña:
—¿No eres tú la hija del doctor Baker?
—Eso pensaba yo —repuso la chiquilla—. Pero mamá dice que no.

Recluta último modelo

durante mi primer día corno recluta se me ordenó presentarme a la cocina donde un sargento me entregó un cuchillo, tras de indicarme una montaña de patatas.
—-Mi sargento —le dije—, indudablemente en esta época de la mecanización, las fuerzas armadas han de tener una máquina para pelarlas ...
—Sí que la tenemos .. ..y, tú eres el último modelo.

— a. i.

Dos somos muchos

Un león joven, que habían mandado al parque zoológico de cierta población pequeña, se sentía muy superior al viejo felino de la jaula vecina, que se pasaba el día entero echado y sin hacer nada. "Eso es indigno de un león", pensaba el joven para su capote. Así que se puso a pasearse de un extremo al otro, a rugir y a arañar los barrotes. Al llegar la hora de la comida, el leonero le echó al anciano rey de la selva un enorme trozo de carne cruda, mientras que al nuevo inquilino le dio sólo dos plátanos y un cartucho de maní. Éste se quejó a su compañero:
—¿Cómo es eso? A mí, que me esmero tanto en hacer el papel de león, me dan cualquier cosa, y a ti, que estás allí tumbado a la bartola, te premian con una opípara cena.
—Oye, muchacho —le dijo con gran tolerancia el león viejo—: éste es un pueblo pequeño y un parque zoológico muy modesto. No hay partida en el presupuesto para dos leones. A ti te trajeron aquí para que hicieras de mono.

— w. t.

Vivillo

CIERTO granjero mató un cerdo y lo colgó en la noche con la intención de descuartizarlo a la mañana siguiente; pero el cerdo desapareció.


A nadie dijo una sola palabra del asunto y nada ocurrió durante poco más de dos meses, hasta que un granjero vecino llegó de visita y preguntó:
—A propósito, José, ¿averiguaste quién te robó el cerdo?
—No, pero en este preciso momento lo acabo de saber. —

Apostador compulsivo

UN CABO se presentó a su nuevo regimiento con una carta de su ex capitán: "Será un buen soldado si le quita el vicio de apostar".
El oficial de mando lo miró con gesto severo.
—¿Qué clase de apuestas hace usted ?
—Casi de todas. Si quiere le apuesto una quincena de mi sueldo a que usted tiene una marca bajo el brazo derecho.
—Ponga el dinero sobre la mesa.
En seguida se desnudó hasta la cintura probando no estar marcado, y tomó el dinero. Luego llamó al capitán:
—Ese cabo no volverá a apostar después de la que le he jugado.
—No esté tan seguro; acababa de apostarme 2.000 dólares a que a los cinco minutos de presentarse con usted, le haría quitarse la camisa.


-B.P.

Emigrar

CIERTO" sujeto que vivía en Cuba fue a la estación de policía y pidió permiso de emigrar a Miami.
—¿No está contento aquí? —le preguntaron.
—No me puedo quejar.
—¿No le satisface su trabajo?
—No me puedo quejar.
—¿Está descontento con las condiciones de vida?
—No puedo quejarme.
-—Entonces, ¿por qué desea emigrar a Miami?
—Por que allá sí podré quejarme.

—T.H.K.

Bombero preñado

—HAZ UNA oración acerca de cualquier servidor público —pidió la maestra.
El chiquillo escribió; "El bombero bajó por la escalera preñado".
—¿Sabes qué significa preñado? —le preguntó, aparte, aquella.
—Claro. Quiere decir que llevaba
un niño.


—D.B.

Mucha casualidad

CONVENCIDO de que su esposa le era infiel, un hombre preparó una celada para descubrirla. Le llamó y le dijo que no regresaría hasta medianoche.
Sin embargo, llegó temprano a su casa y vio la mesa servida para
dos. "¡Te he sorprendido!" gritó, y corrió de cuarto en cuarto, revisando armarios y derribando muebles. Después salió al balcón y al ver que un individuo salía del edificio arreglándose la corbata le arrojó en su furia el refrigerador.
A las puertas del cielo, San Pedro interroga a dos hombres. El primero informa que salía de una tienda arreglándose la corbata cuando, sin más ni más, lo aplastó un refrigerador.
El segundo se acerca y refiere al apóstol: "Sé que no me vas a creer, pero... yo estaba sentado dentro de ese refrigerador".
—E.S.

El avaro

CIERTO avaro reunió a un médico, a un abogado y a un sacerdote en torno de su lecho de muerte:
—Siempre he oído que no se pueden llevar bienes al otro mundo; pero yo voy a probar lo contrario. Tomen estos tres sobres, con 30.000 dólares cada uno, para que cuando me entierren los arrojen a mi tumba.
Los tres hicieron lo solicitado. De regreso, el sacerdote dijo:
—Debo confesar que, pues necesitaba 10.000 dólares para la iglesia, los saqué del sobre.
—Yo tomé 20.000 para la construcción de mi clínica —agregó el médico.
—Caballeros —se relamió el jurista—, me sorprende y escandaliza su conducta. Yo puse en la tumba un cheque personal por la suma total.

-J.S.

Golf con Teodoro

—Arturo, ¿por qué ya no juegas al golf con Teodoro? —¿Jugarías tú con un tipo que moviera la pelota con el pie, cuando estuvieras distraido?
-Pues, no.—Tampoco Teodoro.
—M.M.

Entrada al cielo

Tres personas murieron a la vez y subieron al cielo, en cuya entrada se hallaba San Pedro, esperándolos. El primero en acercarse, un arquitecto, le indicó al santo:
—Me gustaría entrar.
-Todo en su momento —replicó San Pedro—. Antes debes pasar una pequeña prueba: deletrea Dios.
-Es muy fácil: D-i-o-s. —Correcto. Entra.
El segundo aspirante a ingresar en el cielo era un ranchero. —Quisiera pasar —expresó.
—Todo a su debido tiempo.
Primero tendrás que pasar una prueba sencilla: deletrea Dios.
—Es fácil. D-i-o-s.
—Magnífico; puedes pasar.
Finalmente le tocó su turno a una atractiva mujer de negocios, quien se dirigió al santo:
—Deseo entrar.
—Bien, pero antes debes some­terte a una pequeña prueba . . .
—Pero, ¿qué pasa, San Pedro? —protestó la mujer—.
He pasado por esto toda mi vida; sólo por ser mujer he tenido que luchar para lo­grar ascensos. Me he visto obligada a aceptar sueldos inferiores a los que reciben mis colegas varones por ha­cer el mismo trabajo, y he sido hos­tigada de continuo por algún jefe "machista". ¿También tú me vas a poner en dificultades ahora?
—Es tan sólo una prueba insig­nificante —contestó San Pedro—.
Deletrea Checoslovaquia.
—W.V.P.

Llegada tarde

Disculeme por llegar tarde —dijo
el hombre a su jefe-, pero mi suegra,
que está en casa, entró esta mañana en el
baño y cayó inconsciente sobre el lavabo.
-Qué barbaridad! ¿Y qué hizo usted ? —preguntó el jefe.
Al principio, no sabía qué hacer, señor,
pero finalmente decidí afeitarme en la bañera.

Impostor

Cuentan que en cierta época Albert Einstein solía viajar a distin­tas universidades para pronunciar conferencias, y siempre lo llevaba el mismo chofer. Un día este le dijo:
—Dr. Einstein, ya van unas 30 veces que le oigo exponer su teoría de la relatividad. Ya hasta me la sé de memoria. Apuesto a que soy capaz de repetirla.
—Te lo creo. Y ya que en la pró­xima universidad no me conocen, cuando lleguemos me pondré tu gorra y tú darás la conferencia.
Y lo hizo de maravilla. Mas cuan­do se disponía a salir, un profesor le expuso una pregunta muy com­pleja, con un montón de fórmulas y ecuaciones. Por fortuna el impos­tor supo salir del apuro.
—La solución de ese problema es sencillísima —replicó—. Me sor­prende que tenga que preguntarla, profesor. Es más, para demostrarle lo fácil que es, le pediré a mi chofer que le conteste.
— J.D.-

Caballero mezquino

Cierta noche, un caballero mezquino salió de un cabaré sin darle propina al conserje.
Cuando este lo ayudaba a subir al taxi, le dijo muy afable: "A propósito, señor; si
acaso llegara usted a perder la billetera camino a casa, recuerde que aquí no la ha sacado".
—s.m.

Prueba intelectual

UN BANQUERO, un electricista y un político se sometían a una prueba para medirles el cociente intelectual. Una de las preguntas era: "¿Con qué término describiría usted el problema suscitado cuando, lo que sale supera a lo que entra?"
El banquero escribió: "Sobregiro"; el electricista: "Sobrecarga"; y el político: "¿Cuál problema?"

—I.A.K.

Mentiroso

No LES parece molesto cómo alardean los aficionados a correr por las mañanas? Hace días oi a tres de ellos conversar; el primero aseguró:
—En lo que va del año he corrido quinienios kilómetros.
—No es mucho —comentó e! segundo—. Yo he corrido mil.
El tercero sonrió y dijo:
—Ni siquiera les diré cuántos kilómetros llevo... sólo que ayer fue necesario que me alinearan los pies.

-R.o.

Pedido

UN HOMBRE piadoso y bueno pasaba por una mala racha. Cierta noche, mientras elevaba al cielo sus plegarias, rogó a Dios que le concediera sacarse la lotería, en recompensa por tantos años de fe y devoción. Al día siguiente
se sentía optimista; pero, como no ocurrió nada, volvió a abogar por su causa durante las oraciones nocturnas. No obstante, Dios seguía sin hacérsela buena. Por último, el hombre se arrodilló, compungido, y se quejó:
—¿Por qué no me das una oportunidad, Dios mío?
De repente oyó la voz del Todopoderoso:
—¿Por qué no me la das tú? ¡Al menos compra un billete!

—B.M.

Resfrío

EN UN compartimiento del tren, una joven, muy resfriada, se buscó discretamente un pañuelo que había guardado en el sostén. Su desesperada búsqueda fue seguida con asombro por sus compañeros de viaje. Desesperada, la chica explicó: "Hace un momento, tenia dos''.

—c.o.

Tentación

UN SEÑOR estaba sentado en una butaca del teatro, en espera del inicio de la función. Varias personas le pidieron que les permitiera pasar para sentarse en la misma fila, y él se puso de pie para facilitarles el acceso. Al pasar, una corpulenta mujer le pisó un pie. El hombre, adolorido, la increpó:
—¿Por qué no se fija usted en dónde pisa?
La fémina, encolerizada, le espetó:
—¿Por qué no pone el pie en donde debe estar?
—No me tiente. No me tiente a hacerlo, señora.

-J.D.

Malhablada

LA MUJER de un campesino se quejaba ante el comisario del pueblo de que una niña de cinco años, recién llegada de España, profería malas palabras. Temía que llegara a ejercer influencia en sus propios hijos. El policía fue a investigar y dijo a la chiquilla:
—Me dicen que por aquí hay una señorita muy malhablada.
—¿Quién le ha dicho eso? —preguntó la niña.
—Un pajarito.
—¡Vaya! —musitó la nena— y pensar que he estado dándoles de comer a los muy hijos de puta!

¿Ya empezamos...?

EDISON había experimentado durante 13 meses para hacer una lámpara incandescente, tratando de encontrar una sustancia que diera luz sin llama. Cuando por fin lo logró un día a las 3 de la madrugada, salió corriendo del granero donde trabajaba, entró precipitadamente en su casa y, subiendo los peldaños de dos en dos, irrumpió en la alcoba donde dormía su esposa.
—¡Mira, querida! —le gritó.
La señora Edison despertó, se volvió hacia el otro lado en la cama y comentó con impaciencia:
—¡Por Dios, Tomás, apaga esa luz y acuéstate!

Tránsito lento

UN NEOYORQUINO que salía de una ciudad provinciana oyó a un locutor de radio quejarse del tráfico en la autopista local. El viajero escribió a la emisora el siguiente comentario: "No saben ustedes lo bien que están ahí. En la Ciudad de Nueva York el tráfico es tan lento en las horas de mayor afluencia que, para poder atrepellar a un peatón, sería necesario bajarse del automóvil y pisotearlo".

— wcco

Inflación

CUANDO mi abuela fue a ver la película El doctor Zhivago, se escandalizó con los altos precios de las entradas. Apoyándose en la taquilla, preguntó indignada a la cajera: "¿Se trata de algún especialista famoso?"

—c.w.

Pecar

UN PARROCO recién transferido a una nueva parroquia recibía las felicitaciones de sus feligreses. Una señora le dijo: "¡Es usted extraordinario! Yo no sabía qué era pecar hasta que vino usted".

—T.R.

Caja boba

AL LLEGAR a una fiesta un domingo por la tarde, en el apogeo de la temporada de fútbol, los caballeros desaparecieron y se fueron a la sala de la televisión para ver el partido. Pero mi marido no tardó en salir de allí, pues piensa, como yo, qué la televisión y las visitas sociales son incompatibles. Al poco tiempo otro caballero que pasaba por la sala hizo este comentario:
¿Qué te ocurre, Jorge: te gustan más las señoras que el fútbol?
—No es eso —repuso mi esposo—; es que la temporada de las damas es más larga.

—I.H.C.

Demanda dificil

SAN PEDRO y el demonio discutían un día a quién tocaba componer la cerca rota que separa el cielo del infierno. Por fin, exasperado, el santo exclamó:
—¡La arreglarás tú, Satán, o te demandaré!
—Demándame si quieres —repuso confiado el Malo—. ¿En dónde conseguirás un abogado? —

E.D.

La pildora

HEMOS descubierto que la mejor manera de administrar medicamentos al perro de la familia es hablarle de muchos temas aburridos; cuando bosteza, le dejamos caer la pildora en la boca.

—F.P.J.